Reinaldo y Ernesto ignoraban entonces qué era un sistema de ósmosis inversa; desconocían el funcionamiento de sus membranas y la disposición de sus filtros, pero sí conocían una verdad que el tiempo y la costumbre habían vuelto invisible para su pueblo de Ranchuelo, municipio villaclareño donde el agua que llega a las casas arrastra gran concentración de sales y minerales que, consumidos durante generaciones, han dejado su huella en la salud de la comunidad.