Roy Eduardo López Pérez, administrador de la unidad, lo dice con orgullo: «Son muchachos tan normales como nosotros. Deben tener las mismas oportunidades». Y añade: «Cuando realizan su trabajo, lo hacen de una forma entusiasta. Se sienten bien ellos, nos sentimos bien nosotros y yo siempre les dije que en lo que yo pudiera servir, que podían contar conmigo. Nosotros vamos a ayudarlos tanto administrativamente como los trabajadores y todas las personas que trabajan en esta unidad».
Manolo González Cava, jefe de servicio de El Recreo, comparte esa mirada humana: «Esos muchachos son como si fueran familia de nosotros». Explica que la inserción laboral de estos jóvenes les permite prepararse para su desempeño en esta o cualquier otra unidad del comercio y la gastronomía. «Aquí están aprendiendo a llevar los pedidos a las mesas, atender a los clientes cuando llegan, hacer los pedidos, recoger las mesas, limpiarlas, relacionarse con personas, aprender a ser feliz, porque hay que ver la cara que tienen esos muchachitos cuando empiezan a trabajar aquí, cómo han cambiado, cómo están contentos, cómo vienen para acá alegres. Y eso es importante para ellos y para nosotros. Y creo que también para toda nuestra sociedad».
Rosabel Manso Rodríguez es una de las jóvenes que forma parte de esta experiencia. «Estoy sirviéndoles a muchos clientes hoy y me siento muy, pero que muy maravillada por esa oportunidad. Es muy divertido. Hasta comparto con otros compañeros», cuenta. Sobre lo que ha aprendido, dice: «He compartido con otros compañeros. Cuando les sirvo sus órdenes, ellos me dicen gracias. Y luego les saco los pulgares arriba». Y confiesa, con una sonrisa: «¡Me siento feliz!».
Jonathan Reynaldo Hernández Fon también vive esta oportunidad con alegría. «Yo me lo paso bien, sin problemas. Intento aprender qué mesa, porque yo le digo: bueno, ¿qué puedo ofrecer? Y me dicen que lo que sea, que quieren una hamburguesa. Y entonces, cuando yo se lo doy, cuando me dicen gracias, fue un placer para mí servir a mis clientes», relata. Sobre su aprendizaje, agrega: «Sí, me lo paso bien con mis compañeros, con trabajo todo el día. Los lunes, miércoles y viernes trabajo; martes, jueves, sábado y domingo descanso. Todos los días debe haber trabajo». Y agradece: «Mucho. Estoy muy feliz por mis compañeros, con los profesores y por mis clientes».
Así, en Santa Clara se siguen abriendo puertas a la esperanza. El Recreo no solo sirve hamburguesas: ofrece oportunidades, dignifica el trabajo y demuestra que la inclusión es posible cuando se tiende la mano con respeto y cariño.
