Quizá su sitio vital siempre estuvo en el futuro. Por eso sabía dibujar el camino, desbrozar el sendero, construir un porvenir. Incluso, cuando pensé que se había equivocado en alguna solución, según una percepción anclada a la altura de mi nariz, el tiempo, ese juez sabio, terminó por darle la razón.