La alarma del reloj suena temprano, cuesta un poco levantarse, después de semanas en las que el sueño se estira hasta mucho después de asomado el sol. Pero esta mañana tiene una magia especial, una emoción que aligera y desplaza el abrazo de las sábanas para dar paso a otro, mucho más cálido y gratificante, uno que envuelve a toda Cuba: el primer día de clases.