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Camilo Cienfuegos Gorriarán.
Foto: Archivo

La sonrisa de la Revolución

Mailé Hernández Grave de Peralta

Viernes, 06 Febrero 2026 19:35

Noventa y cuatro años han pasado desde aquel 6 de febrero de 1932, cuando en el barrio de Lawton, en La Habana, nació un niño que llevaría en su sonrisa la alegría de un pueblo: Camilo Cienfuegos Gorriarán.

De joven, intentó encaminarse en la Academia de Bellas Artes, pero la realidad de su tiempo lo obligó a trabajar como sastre, a emigrar y, finalmente, a encontrar su verdadero destino: la lucha por la libertad de Cuba.

En México se unió a los expedicionarios del yate Granma. En la Sierra Maestra, con su sombrero alón y su valor temerario, se ganó el título de “Señor de la Vanguardia”. Se convirtió en el “Héroe de Yaguajay”, la batalla que contribuyó al triunfo a la Revolución.

Pero además de guerrillero audaz, Camilo devino “Comandante del Pueblo”, el hombre que compartía la comida con sus compañeros de batalla, que reía con los campesinos, que generaba confianza con su sencillez y su lealtad inquebrantable a Fidel.

Su desaparición física en 1959, con solo 27 años conmocionó a la Isla, su impronta  quedó como un ejemplo de fe en la Revolución que ayudó a construir.

Cada 6 de febrero, Cuba lo celebra con palmas sembradas en su nombre. Y allí está, en la sonrisa y espíritu humilde que resiste.

En el aniversario 94 de su natalicio, su presencia sigue viva y nos inspira. ¿Cómo ser, como él, creadores de un mundo más justo? ¿Cómo llevar, en el gesto cotidiano, la chispa de su humanidad revolucionaria?

Las palabras de su último discurso, el 26 de octubre de 1959, frente al Palacio Presidencial, donde se congregaron un millón y medio de personas como parte de la convocatoria en contra de la agresión extranjera, en defensa de la soberanía nacional y en apoyo al gobierno revolucionario, nos muestran al Camilo Cienfuegos firme, que ante todo, valor en mano, prefirió siempre ser un hombre de pueblo.