Considerado por muchos una de las máximas expresiones del talento futbolístico cubano en la década del 70, Roberto Pereira Hernández, natural de Santo Domingo, atesora entre trofeos y recortes de periódico la memoria de una época dorada que pocos recuerdan.
—¿De dónde nace esa pasión suya por el fútbol?
Del barrio La Cañá en Santo Domingo, ahí comenzamos a jugar fútbol. En aquellos tiempos me acercaba a mirar al terreno porque existían tres equipos llamados Pantys(Medias) Verdes, Medias Azules y Medias Amarillas hasta que un día pude jugar.
—¿Cómo fueron sus inicios hasta convertirse en profesional?
Comencé cuando vinieron entrenadores para la ayuda técnica en el municipio como Dagoberto Sosa y Eduardo Duperne hasta que fui a competencias provinciales. Después, por mi calidad, me seleccionaron para la ESPA de Cienfuegos en 1968. Al pasar a la categoría de juveniles represento a la provincia en el Campeonato Nacional de Camagüey en 1969 donde obtuvimos bronce.
De ahí pasé a la ESPA Nacional donde fui al Torneo de la Amistad de 1971 en Alemania donde participaba Corea del Norte, Vietnam, Hungría, todos los países del campo socialista.

—¿Qué pensaba su familia acerca de esa pasión suya por el fútbol? ¿Lo apoyaban?
Mi mamá y mi papá al principio no querían nunca que yo fuera deportista. Después sí se dieron cuenta de que era lo que a me gustaba.
—¿Cuál fue su primera competencia internacional?
En 1972 participé en los Centroamericanos Juveniles en México donde obtuvimos en tercer lugar. De ahí me seleccionaron para el equipo nacional y fui a los Centroamericanos de mayores en República Dominicana en 1974, donde Cuba alcanza el primer lugar.
—¿Como lo vivió?
Tremenda emoción. A partir de ahí, ya me miraban en el municipio, me respetaban en la provincia. Veían que yo era un talento y eso me sirvió para seguir avanzando en mi carrera.
—Usted vivió lo que muchos llaman “los tiempos de oro” del fútbol cubano. ¿Cómo recuerda esa época?
Ese quinto lugar en los Panamericanos de México, fue un lugar aceptable, comparado con la calidad de los Centroamericanos —que era otro nivel—. Me sentí muy orgulloso.
La eliminatoria para la Olimpiada de Montreal 1976 fue una experiencia muy emocionante para mí porque había que eliminarse con distintos países y ese fue el año oro del fútbol cubano, en vez de jugar en el estadio de fútbol Pedro Marrero, lo hicimos en el Latinoamericano por la cantidad de aficionados de esos partidos.

—¿Cuáles fueron los momentos más memorables de su carrera?
Uno de ellos fue el primer lugar en los Centroamericanos de Medellín, Colombia, porque quedé líder goleador con 8 goles, fue algo muy emocionante para mí. Como también las eliminatorias de 1979 con vista a Moscú 1980 y los Panamericanos de San Juan, Puerto Rico 1979, con Cuba en el segundo lugar al perder contra Brasil. Allí volví a ser líder goleador con 5 goles, que ya nadie ha logrado pasar ese récord.
En el año 1982 fueron los Centroamericanos en Cuba donde cogimos bronce y en 1983 los Panamericanos en Caracas, Venezuela que obtuvimos el quinto lugar.
—¿Cómo ve el fútbol de ahora comparado con el que usted jugaba antes?
El fútbol de ahora me ha decepcionado, cuando nosotros jugamos había más calidad. Hoy el fútbol cubano no tiene la calidad de antes. Hay dificultades hasta para clasificar a un Centroamericano. Eso me duele mucho.
—¿Qué significa para usted el fútbol?
Para mi el fútbol es mi vida.

Con un total de dos olimpiadas, tres panamericanos, cuatro centroamericanos y ganador de más de 5 campeonatos nacionales Roberto Pereira Hernández sigue activo y vinculado al deporte desde su municipio. Porque mientras haya un niño con un balón en los pies, la época dorada del fútbol cubano no termina: se transforma.
