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Muni, la niña hermosa

Muni, la niña hermosa

Alberto González Rivero

Domingo, 02 Noviembre 2025 12:09

Una pintura del artista calabaceño Orlando González Naranjo se inspira en una amiga discapacitada, que era un personaje en Calabazar de Sagua.

En otro óleo de la memoria de Calabazar de Sagua, el pintor Orlando Naranjo González me envía el dibujo de Migdalia Jova García, Muni; una oda poética a la discapacitada que fue muy querida en su pueblo natal. 

Otra vez, desde su tienda de antigüedades, en Miami, vuelve Naranjo con los trazos de sus personajes desamparados, nos regala el rostro de la mulata que cuando apenas tenía cinco años, saltó de la postración en una silla de ruedas y comenzó a caminar bajo el milagro espiritual de la abuela Tomasa Jova García. 

Nano le puso una cinta de color rojo en el cabello de la protagonista, como suele engalanar a sus divas guajiras, para así perfumar la fragilidad de sus seres aparentemente tristes, o acongojados, pero ese rojo vivo en el espectro de Muni denota la sensibilidad del artista cuando ilumina, de forma inusual, la dimensión humana, aún en algunos de sus traspiés.

Entro por un recoveco para llegar a una casa ubicada en la calle 6ta del este, donde nació su modelo, y aparece Julia, la hermana de Migdalia, con una cinta escarlata en el pelo hirsuto. Al ver sus ojos achinados creo que Naranjo no se va conformar con sus mulatas de fuego y brincará la cerca para arrebatarme la crónica que él mismo me invito a escribir.

Ahora Julia me muestra fotos reales de ella y tal vez como el pintor no encuentro ni sombra de invalidez en el rostro lleno de voluntad de Muni, la mulata sonriente y jaranera que se movía con mucha soltura en el salón del Restaurant Moscú, o bien salía a arrollar en las congas del barrio los sapos en las parrandas tradicionales de su pueblo.

Yo no veo tampoco ninguna fisura en el pie o el brazo de Migdalia, nunca vencidos en el servicio gastronómico que siempre brindó a su pueblo, ni tampoco me imagino a Naranjo apagando la brasa de esa señora que aparece en el retrato con soberbio intimismo y el insondable misterio de lo vivo en el pincel del aeda; y nunca se vio a una persona caminando tan firme en el resplandor pictórico del paisajista del alma humana.

La pincelada de Orlando Naranjo le sigue dando luz a sus trazos de la nostalgia, y cuando cruzo por el jardín de la antigua casa de Muni, veo al poeta que se acerca sigiloso para seguir tropezando con sus personajes en la intemperie que vislumbra soleadas estaciones.

Julia abre los ojos achinados y mira hacia el trillo donde la abuela Tomasa Jova convierte de nuevo el milagro de ver caminando a la nieta Muni, mientras el pintor sale desde dentro del sembrado de vicarias para llenar de tonalidades las pupilas de aquella diva calabaceña de pasos extraviados, sobre el rojo inextinguible de las pequeñas grandes historias.