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Gracias, Araceli, por tu amor y por tu obra
Foto: Archivo

Gracias, Araceli, por tu amor y por tu obra

Tomado de Granma

Miércoles, 04 Febrero 2026 10:43

Fallecida en la noche del 2 de febrero, la destacada bibliógrafa será eterna referencia para los profesionales de las letras.

Tantas veces escrito su nombre en estas páginas; tantas veces escuchada, evocada, entrevistada; tantas veces consultada la doctora Araceli García Carranza, que duele decir hoy, en estas líneas, que se ha marchado del mundo en la fría noche del 2 de febrero, dejando un vacío que oprime el pecho, y que la sabe irremplazable.

Muchos de los que esta aseveración lean, no me dejarán mentir. La más importante bibliógrafa cubana, trabajadora de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, BNCJM, por 64 ininterrumpidos años, fue un ser querido porque trabajó incansablemente queriendo a los otros. Servir fue, por sobre todas las cosas, su vocación, y fue feliz cada vez que condujo, hacia nuevos peldaños de la instrucción, a quienes la buscaron para esclarecer dudas o hallar atajos que los acercaran a los objetivos de sus respectivas investigaciones.

Recién graduada en 1962 de Doctora en Filosofía y Letras, en la Universidad de La Habana, Araceli (nacida en Guanabacoa, el 10 de octubre de 1937), integró el equipo laboral de la Biblioteca. Allí trabajó en la bibliografía de José Martí, labor que mantuvo hasta nuestros días, y elaboró, entre otras, las de grandes intelectuales como Fernando Ortiz y Emilio Roig de Leuchsenring. Más tarde se convirtió en la bibliógrafa de Alejo Carpentier, intelectual que puso en ella toda la confianza para trabajar con una buena parte de su papelería, y a quien la especialista retribuyó convirtiéndose en una de sus más eficientes ayudantes.  Sus armas fundamentales, que con los años no hicieron más que afianzarse, fueron la faena permanente y la sonrisa.

Gracias, Araceli, por tu amor y por tu obra. Foto: Denys San Jorge.

Fue en la Biblioteca donde conoció a Julio Domínguez, con quien formó su familia, y fue este recinto, poblado de libros, el que consideró su otra casa. «La biblioteca y el libro son parte de mi propia naturaleza, los necesito a los dos. A veces creo que la biblioteca es mía», nos dijo en una ocasión, alegando que no concebía la vida sin su trabajo, ni sus alegrías separadas del inmueble.

Araceli mereció, en 2021, la Orden Carlos J. Finlay, la más alta condecoración que otorga el Estado cubano en el ámbito de las ciencias, y junto a ella la recibía el destacado intelectual Rafael Acosta de Arriba. «No sé en realidad qué me emocionó más, si la recepción de un reconocimiento que me sorprendió gratamente o el hecho de recibirlo al mismo tiempo que Araceli», ha dejado dicho el investigador de la BNCJM, para quien su maestra es la primera bibliógrafa cubana y una mujer extraordinaria, y ha certificado que «ella ha hecho de la investigación bibliográfica una escuela. (…) En Araceli entregarse a la ayuda y la cooperación de cualquier necesitado es su estado natural».

Heredera de Antonio Bachiller y Morales, y de otros grandes profesionales del mundo de los cubículos, por su incansable contribución a la cultura nacional, la 31 Feria Internacional del Libro de La Habana, correspondiente a 2023, le fue dedicada.

En ese evento, se le concedieron varios homenajes, entre ellos el panel que encomió su vida y su obra, un espacio en el que se hizo referencia a otros empeños suyos, tales como las bibliografías de grandes acontecimientos de la Historia de Cuba y de otros descollantes intelectuales, además de los ya citados. 

Recientemente vio la luz un libro suyo titulado Un camino hacia Carpentier, con sello de Ediciones Bachiller, en el que aparece un hermoso prólogo de la fallecida doctora Ana Cairo, titulado Una rosa para Araceli.

Así, con la fragancia de una flor, con palabras bellas y delicadas asociaremos siempre a Araceli, quien, ante la menor solicitud, ofreció su respuesta, y ante al menor gesto, agradeció, cuando somos todos nosotros quienes le debemos eternas retribuciones.

Inevitable resulta recordar, en esta hora, una frase que solía asomarse a sus labios, casi por nada. «Gracias, queridita», te decimos a ti, mujer leyenda, que te elevas ya hacia lo más puro, donde habitan los grandes nombres de la cultura cubana.