La Sociedad Científica de Ecología y Medio Ambiente Caburní, radicada en el centro mixto "Andrés Cuevas Heredia", en el municipio de Vueltas, Villa Clara, arribó a sus 30 años de fundada este 2026.
La experiencia pedagógica y estudiantil, única en el centro de Cuba, combina la conservación de la naturaleza con la investigación científica, según confirmó el profesor Carlos Alberto Espinosa González, tutor de la sociedad, miembro de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) y tutor de la Red Juvenil Ambiental de Villa Clara.
La iniciativa Caburní se sostiene sobre dos vertientes fundamentales: la pedagógica y la estudiantil. «Por primera vez se aúnan de forma práctica el pensamiento de Fidel, el Che, Martí y Antonio Núñez Jiménez», explica Espinosa González. El objetivo es que los jóvenes no solo conserven la naturaleza, sino que investiguen y superen la idea de que el estudiante no tenía la preparación necesaria para generar resultados de impacto.
«Fueron los estudiantes quienes decidieron el nombre de la sociedad, inspirados en una foto de la cascada Caburní publicada en la revista Somos Jóvenes». Allí observaron la frase «se me hace una larga cola de caballo», y se motivaron a realizar su primera investigación. Antes de lanzarse al terreno, los tutores les impartieron la metodología de la investigación y los principios del Che y Fidel para la vida en campaña.
Actualmente, sus miembros monitorean no solo la cascada Caburní, símbolo del parque natural protegido Topes de Collantes, sino también otras nueve de su tipo: la Poceta El Venado, el Salto El Rocío, la Batata y la Gruta, además del Salto Javira, en la zona de Trinidad. «Abarcamos todo el parque», puntualiza Espinosa González.
Uno de los principales logros en estas tres décadas es el monitoreo permanente de la cascada Caburní, que mantiene un grado de pureza muy alto. Este trabajo ha permitido certificar la calidad del agua para la Corporación Gaviota, en Topes de Collantes, con la que mantienen un convenio: la entidad facilita la estancia y el acceso a los senderos, mientras la sociedad certifica la calidad del agua.
Además, el trabajo estudiantil permitió certificar tres senderos turísticos en la zona, que contribuyen a la economía del país. La sociedad acumula 13 investigaciones presentadas en eventos nacionales.
Una de las claves del método Caburní es que cada estudiante escoge una especialidad: química, botánica o zoología. Al final, integran todos esos factores para comprender cómo se trabaja en un área protegida. «El estudiante va comprendiendo qué hace, tiene un impacto y un resultado positivo», sostiene Espinosa González. «Se van convirtiendo en líderes ambientales».
Todo el trabajo de campo se realiza sin transporte motorizado. Aplican la vida en campaña y utilizan reactivos comunes de las escuelas, un aspecto que los especialistas valoran de la iniciativa.
A 30 años de su creación, la sociedad enfrenta retos importantes. «Lograr mantener la sociedad científica funcionando y sumar a los jóvenes para que se conviertan en líderes ambientales y tributen a la conservación del medio. También urge fortalecer la vinculación con las Brigadas Técnicas Juveniles y la Red Juvenil Ambiental de Cuba, redes que nos han permitido recorrer el país desde Playa Bailén, en Pinar del Río, hasta el Faro de Maisí», señala el profesor.
Finalmente, el tutor asegura que urge introducir los nuevos conocimientos del perfeccionamiento educacional en la sociedad, para que el estudiante vea que lo que aprende lo puede aplicar en la práctica. «Eso es lo fundamental», concluye.
