Editorial: Emprenderemos con más vigor que nunca el 2017

Cada vez que nos parezca que el camino es largo, que el camino es difícil, nos acordaremos de Fidel. Nos repondremos del dolor y emprenderemos con más vigor que nunca el 2017. No es con discursos ni consignas vacías que seremos leales a Fidel, sino con ese heroísmo cotidiano tan difícil pero imprescindible para que perdure su obra.

Cada vez que nos parezca que el camino es largo, que el camino es difícil, nos acordaremos de Fidel. Nos repondremos del dolor y emprenderemos con más vigor que nunca el 2017. No es con discursos ni consignas vacías que seremos leales a Fidel, sino con ese heroísmo cotidiano tan difícil pero imprescindible para que perdure su obra.





Compatriotas:

Finaliza el 2016, un año duro, muy duro, que jamás se borrará de nuestras mentes. No por las penurias materiales acrecentadas en un contexto internacional complejo en que permanece inalterable el cruel bloqueo imperialista a pesar de lo avanzado en el proceso de normalización de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos.

Se convirtió en el año más duro cuando escuchamos estremecidos en voz del compañero Raúl la noche del 25 de noviembre la peor noticia que podía recibir nuestro pueblo. Había dejado de latir el corazón del Comandante en Jefe Fidel Castro para saltar de inmediato a la inmortalidad.

Nunca pueblo alguno rindió un tributo más conmovedor a un héroe. La tristeza ha sido inmensa al saber  que nunca más lo veremos con su uniforme de campaña, pero desde la piedra que resguarda sus cenizas en el cementerio de la ciudad heroica, nos seguirá guiando desde el timón moral conducido por sus manos invictas, con su pensamiento y con su ejemplo.

Cuando un familiar desaparece físicamente nos deja un dolor profundo en nuestros corazones, y nuestro Comandante es como el padre que cada día necesitaremos más.

Pero Fidel sobrecumplió ampliamente su misión. Por primera vez gracias a él los cubanos logramos la unidad y pudimos construir la patria nueva, verdaderamente libre e independiente para siempre y caminaron con dignidad defendidos por el mayor gigante que parió la historia, los humildes de la tierra.  Toca a sus discípulos ser leales a su legado y trabajar sin descanso por mejorarlo todo siguiendo su indicación de que cuando el trabajo nos pareciera bueno debemos luchar por hacerlo mejor y cuando nos parezca mejor, luchar por hacerlo perfecto.

Si nos encargamos todos de que su obra se mantenga de pie, si hacemos cada uno la parte que nos toca, si cumplimos todos los mandamientos del concepto de Revolución que nos legara, si no permitimos que se olvide su discurso de alerta de aquel 17 de noviembre del 2005 en la Universidad de la Habana, si hablamos menos y hacemos más; aquí estará Fidel por siempre conduciéndonos.

Afortunadamente no tendremos que acostumbrarnos a caminar sin él, porque estará presente cada minuto y como él mismo dijera de Camilo, cada vez que nos parezca que el camino es largo, que el camino es difícil, nos acordaremos de Fidel, que mantuvo hasta su último aliento la fe mágica y el optimismo de Cinco Palmas.

Nos repondremos del dolor y emprenderemos con más vigor que nunca el 2017. No es con discursos ni consignas vacías que seremos leales a Fidel, sino con ese heroísmo cotidiano tan difícil pero imprescindible para que perdure su obra.

Solo lograremos que sea eterna si nuestra extraordinaria y brillante juventud, la más politizada del universo entero, construye cada día en aulas, trincheras y talleres, la hermosa consigna que brotó de su alma: YO SOY FIDEL. Porque los jóvenes serán siempre la arcilla con que se moldeará el destino de la patria y el nos marcó el camino.

Con esa juventud Cuba y el mundo pueden contar. Y esa seguridad con que podemos expresarlo hoy, también es obra de Fidel.

 

 

 

Editorial transmitido por CMHW a las 12:01 a.m. del día Primero de Enero de 2017. 

 

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